top of page
Buscar

Para alcanzar la paz primero hay que desarmar la guerra

  • Foto del escritor: MDyC Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía
    MDyC Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura
  • Artículo de opinión de Jóvenes por la Dignidad por el Día Escolar de la No Violencia y la Paz


Las guerras existen desde el comienzo de la historia. Algunos defienden que la guerra es consecuencia de presiones adaptativas condicionadas a la supervivencia y a la competencia por recursos, haciendo especial hincapié en la idea del componente genético. Otros, en cambio, sostienen que la guerra es un constructo relativamente reciente asociado a la acumulación de riquezas y a la aparición de los Estados. Una inevitable consecuencia del desarrollo de las sociedades, de la lucha por la tierra y los recursos naturales, de la lucha de clases, que surgen no de la naturaleza del hombre, sino de la naturaleza de la propia Historia. 


Sin embargo, no todo se resume en violencia, hay que señalar que los humanos, más que seres violentos, somos seres sociales por naturaleza. Gozamos de conciencia, que es lo que nos permite distinguir lo bueno de lo malo, lo benigno de lo perjudicial. De ahí que el contexto sea tan importante a la hora de tomar las decisiones más acertadas, puesto que tanto para la paz como la violencia, tenemos un filtro sujeto a factores sociales como la cultura y la educación dentro de ésta. 


Por lo tanto, realmente elegimos hacer la guerra dentro de las opciones que tenemos, no es nuestro destino, creamos las bases necesarias para iniciarla, desarrollarla y finalizarla, como todo ciclo. Se activa cuando el miedo y la codicia entran en juego, inhibiendo la empatía y sacando a la luz nuestros más aberrantes comportamientos. Margaret Mead, una importante antropóloga estadounidense del siglo pasado, escribió “la guerra es una invención, como cualquier otra”, ¿pero por qué, en cambio, no elegimos inventar la paz y mantenerla? Podemos pero no queremos. 


Después de tantos siglos de conflictos violentos seguimos como empezamos. Por incongruente que parezca, la guerra también ha servido como gran catalizador de avances tecnológicos y científicos que han forjado el mundo que conocemos, pero que, al mismo tiempo, nos permitió perfeccionar la guerra. Tan solo cambiamos las apariencias, nunca las formas. 


Solo el siglo pasado presenciamos un colonialismo brutal y racista protagonizado por el saqueo masivo de recursos por parte de las potencias occidentales, dos guerras mundiales que destruyeron naciones enteras, y una guerra fría entre dos superpotencias que acabó reconfigurando el sistema mundial y ocasionando gran parte de los problemas actuales. 


Desde entonces, la guerra se ha convertido en un negocio, y uno muy lucrativo. Un sector más donde invertir y sacar una buena tajada. Son las guerras del siglo XXI, donde corporaciones gigantescas con el poder de naciones se dedican a esto: influyen en políticos y en administraciones gubernamentales mediante grupos de presión, en ocasiones recurriendo a sobornos y chantajes, se presentan informes de laboratorios sociológicos (financiadas por las mismas corporaciones) que avalan las intervenciones militares creando un marco con el que actuar y salir impunemente. 


A la “guerra” la llamamos ahora “defensa” y todo solucionado. Buscamos alguna justificación, nacionalista, ideológica o religiosa, da igual. Lo importante es echar gasolina a la guerra, alimentarla con todos los componentes disponibles y ganar dinero a costa del sufrimiento y la miseria. Si el choque puede ser doloroso para ambos bandos se escoge tirar la diplomacia a la basura y se exigen acuerdos que solo benefician a unos y no a todos. Para controlar a la disidencia local se diseñaron operaciones psicológicas de control y de influencia, una red de medios que replican lo que dicen las agencias de inteligencia y conseguir así influir en la mente de los ciudadanos, que acabarán creyendo que la guerra es por libertad y derechos humanos y traerá algo positivo al mundo. 


Vivimos unos tiempos muy peligrosos donde el derecho internacional es papel mojado, donde hemos presenciado un genocidio televisado; Gaza ha sido una vergüenza para la humanidad. Los perpetradores siguen ocupando sus puestos con total impunidad, atendiendo conferencias y dando entrevistas. Las instituciones internacionales han perdido toda credibilidad, aplican sanciones a unos y encubrimiento a otros. La doble vara de medir ha terminado por explotar  una deriva muy peligrosa que hará que los nuevos conflictos adopten nuevas características que serán vistas como normales. 


El gasto en defensa se ha disparado, Estados Unidos habla de destinar un billón de dólares en “defensa”. La Unión Europea dice que aumentará su presupuesto considerablemente. ¿Qué Ministerios se verán afectados? Los de siempre: sanidad y educación. Y precisamente hoy, en el Día Escolar de la No Violencia y la Paz, los niños y niñas volverán a dibujar y a colorear palomas sin comprender aún la complejidad del mundo que heredarán. Y ojalá en el futuro nadie se atreva a cortarles las alas y puedan volar más lejos de lo que nosotros hemos sabido hacerlo. Pero lo que está claro es que para alcanzar la paz primero hay que desarmar la guerra.    


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


©2015  Grupo Municipal MDyC

bottom of page