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Manifiesto del MDyC por el Primero de Mayo

  • Foto del escritor: MDyC Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía
    MDyC Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura

Como cada 1 de mayo, hoy se conmemora el Día Internacional de los Trabajadores, y de las Trabajadoras, también conocido como Primero de Mayo. Una efeméride que tiene su origen en la revuelta obrera de Chicago en el año 1886. Desde aquel momento, en el que estas históricas manifestaciones giraban en torno a la reivindicación de la jornada laboral de ocho horas, se han ido sucediendo hasta la actualidad una serie de demandas que han dotado de sentido, durante más de un siglo, a esta jornada de lucha.

Aunque, si miramos a nuestro alrededor, la implantación de la jornada laboral de ocho horas, desgraciadamente para muchísimos trabajadores y trabajadoras, más que una victoria, sigue siendo hoy en día una utopía. Pero ese es un tema que da para otro debate.


Son muchas las consignas que se escuchan en el Primero de Mayo. Se habla de igualdad salarial, de conciliación familiar, de la invisibilización de las trabajadoras del hogar, de prevención de riesgos laborales, del salario mínimo interprofesional, del derecho al descanso y a la desconexión digital, del pago de horas extras, del teletrabajo o de los complementos salariales como el Plus de Residencia, tan poco respetado en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Este último, sin duda, también es un tema que da para otro debate.


El Artículo 26 del Estatuto de los Trabajadores define el salario como la contraprestación por el trabajo realizado, y el Artículo 29 regula la liquidación y el pago del salario, estableciendo que este debe hacerse de forma puntual. Es decir, los trabajadores y trabajadoras no solo tienen derecho a percibir sus nóminas, sino que estas deben abonarse en tiempo y forma.


La vulneración de este derecho se ha cronificado en las administraciones de nuestra ciudad, y esto es algo que desde el MDyC hemos denunciado esta misma semana en sede plenaria, cuando afeábamos a la consejera de Sanidad y Servicios Sociales el retraso reiterado en el abono de las nóminas a las trabajadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio. Y este, desgraciadamente, es solo un ejemplo.


Hablamos de familias que, en muchos casos, dependen de un único sueldo y que, a principios de mes, tienen que hacer frente al pago del alquiler o de la hipoteca, a la factura del agua o de la luz. Y ya sabemos que estos pagos no esperan a nadie y que el retraso en su abono conlleva, además, el pago de intereses.


¿Cómo les pedimos que afronten todos estos gastos sin haber percibido sus nóminas? ¿De qué sirve que una persona tenga un trabajo y perciba una nómina si esta remuneración no llega a tiempo para cubrir los gastos rutinarios del día a día?


Si una administración pública formaliza un contrato con una empresa, tiene la responsabilidad y la obligación de vigilar su correcto cumplimiento y, entre otras muchas cuestiones, garantizar el cobro puntual de las nóminas. Pero lo que no podemos olvidar, bajo ningún concepto, es que lo más necesario para cualquier familia, incluso antes que pagar una factura, es poder llenar la nevera.


 
 
 

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