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  • Foto del escritorMDyC Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía

Día Internacional de la Lucha contra la Islamofobia




Este 15 de marzo se conmemora el Día Internacional de la lucha contra la Islamofobia. Según un estudio realizado en 2019, el 70% de las noticias que se refieren al islam o a los musulmanes son negativas, de las que el 49% podrían considerarse islamófobas. Realmente no hacen falta datos, uno puede comprobarlo por sí mismo tecleando la palabra “islam” en algún buscador y alucinar con los resultados que arrojará: artículos en los que el autor, un profesional del periodismo, ni siquiera tiene el interés de hacer una investigación previa a lo que trata.


A esto hay que sumar la grandísima red de cuentas y páginas en internet dedicadas a sembrar el odio y cosechar la violencia. Desde Jóvenes por la Dignidad solicitamos a los medios de comunicación a que revisen su papel en el discurso del odio y a los perfiles de las redes sociales a que frenen la propagación de la islamofobia, pues ciertos argumentos recurren a la desinformación y acaban trasladando una percepción negativa entre el público de lo que es realmente el islam.


Está claro que hay intereses políticos y económicos detrás de este fenómeno, haciendo auténtica la máxima de “Desde que se inventó la imprenta, la ‘libertad de prensa’ es la voluntad del dueño de la imprenta”. Para entender qué es la islamofobia y su origen debemos

hacer un análisis interseccional y decolonial, trasladándonos a una historia social. El término tiene su origen en la Francia del siglo XX, en obras relativas a la realidad colonial francesa, pero es a partir de los años 90 cuando el concepto empieza a utilizarse más frecuentemente

en la esfera pública. Se puede definir como una forma de rechazo y hostilidad hacia el islam y todo lo relacionado con él y hacia los musulmanes.


Esta sucede cuando un grupo dominante busca estabilizar y ampliar su poder mediante la creación de un chivo expiatorio a través de la construcción de una otredad diferente a la sociedad mayoritaria en ese contexto social. Y es que según Grosfoguel, la islamofobia es más que un fenómeno social: se trata de una forma de racismo de Estado donde las instituciones a través de sus políticas, como medidas antiterroristas, medidas migratorias o discursos políticos, perpetúan imágenes distorsionadas sobre el islam y los musulmanes, mostrándolos reacios al cambio y como un todo homogéneo. Estos prejuicios están ligados a un imaginario colectivo de un pasado colonial y una descolonización inacabada.


Edward Said, en su libro Orientalismo, describe brillantemente cómo se han construido las ideas en torno al islam en los últimos siglos. Para él, la proyección de Occidente sobre Oriente se basa en el intento de conocer lo oriental bajo la pretensión de la dominación, para

describirlo, enseñarlo, colonizarlo y decidir sobre él. Esto permite la dominación de Occidente no solo en el pasado colonial, sino también en el presente, para ello se fijan no en lo geográfico, pero sí en la divergencia cultural y las posiciones de poder en el mundo, mostrando relaciones que son siempre desiguales.


En definitiva, se ha buscado siempre desde tiempos remotos hacer ver al islam como una religión bárbara y violenta que atenta contra los valores de Occidente, cuando nos encontramos realmente ante una doctrina, un pensamiento, una forma de vida que no entiende de razas, que solo habla de hermandad, unión y prosperidad, que invita a pensar

y a razonar, que rechaza tajantemente el individualismo y la sociedad estratificada (clave en el pensamiento liberal occidental), que exige el reparto de la riqueza y ayudar a los débiles para concebir un mundo justo, que dio hace más de mil años (impensable para la época)

derechos a la mujer con especial hincapié en la importancia que esta tiene para la sociedad, haciéndola igual que el hombre.


Por lo que no confundamos tradición y política con las enseñanzas coránicas. Hay ciertos grupos que hacen interpretaciones manipuladas en beneficio del patriarcado, privando a la mujer de la igualdad. Se trata de una cuestión de intereses para mantener el estatus y gobernar sin oposición alguna. Pero recordemos, eso no es islam. No nos queda más que decir que invitamos al mundo a reflexionar, a investigar, leer y aprender; no dejarse llevar de ninguna manera por lo que nos imponen otros y hacer una búsqueda real e independiente de la verdad. Es vital para un futuro de paz y esperanza el diálogo y aprender los

unos de los otros, así se forja la convivencia.


La unión hará que podamos vencer el problema real de nuestros tiempos: la desigualdad.


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